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El campamento: un instrumento educacional

R​​​​​​ecientemente leí en Camping (septiembre/octubre, 1978) que vez tras vez se descubre que la principal motivación por la cual los niños vienen al campamento (inclusive campamentos cristianos) es porque están atraídos por las actividades recreativas: la natación, el campismo, etc. En nuestro afán de convertir el campamento vacacional en algo más, no debemos olvidar que la recreación ha sido, y sigue siendo, la razón principal por la cual los niños asisten a un campamento. Somos responsables de no defraudar al campista al no proporcionarle recreación sana, amplia y enriquecedora.

Ahora bien, el campamento es a la vez siempre un instrumento educacional. No puede ser menos. Es un laboratorio de aprendizaje extraordinario, porque reúne lo práctico-teórico como pocas otras instituciones educativas. Aún más, la persona líder en el campamento goza de una relación con los niños más de cerca, más amplia, más libre, y por lo tanto más repleta de posibilidades que en el hogar, la escuela o la iglesia.

Además, el campamento es uno de los mejores instrumentos para el evangelismo y la edificación que la iglesia tiene. En una encuesta científica hecha a 2,500 jóvenes evangélicos resalta el impacto evangelístico y educativo que juega el campamento. De 24 actividades que influyen en el crecimiento espiritual del adolescente, se encontró que el tercer lugar de rango importante lo ocupa el factor campamentos cristianos, estando en primer lugar los servicios de la iglesia y en segundo lugar la sociedad de jóvenes; clasificando enseguida otras actividades como escuela dominical, programas evangelísticos de T.V., devocionales personales, etc. Estos datos pueden leerse en el libro Christian Youth: An In-Depth Study por Roy B. Zuck y Gene A. Getz.

No solamente juega el campamento un papel importante en el crecimiento del cristiano, sino también puede influir para el mejoramiento de dos problemas sociales: (1) la polución de la tierra y (2) el uso del tiempo libre.

Se cita en el libro de W. Dayton Roberts, El mundo se nos muere, que “la realidad es que el planeta Tierra está prácticamente agotado. Escasea el alimento, el crecimiento de la población y el agotamiento de los recursos precipitan hacia un choque cataclísmico inevitable”. Luego nos enfatiza: “El hombre es un inquilino pasajero, un mayordomo transitorio. Pero la Tierra pertenece a Dios; por creación, posesión y propósito. Constituye su ecosfera, creada para provecho y deleite del hombre, cedida a él en calidad de fideicomiso para el desenvolvimiento de la historia humana”. Sigue Roberts diciendo: “Es imprescindible que haya cambio de actitudes. Tenemos que alterar nuestro estilo de vida”.

¿Dónde mejor formar buenas actitudes en cuanto a la conservación de nuestros recursos que en un campamento? La lección más llamativa que impresiona al que vive rodeado por la naturaleza es la de la mayordomía.

Un creciente problema de nuestros días es el uso del tiempo libre. Es tanto el cambio que hoy día se distingue el hombre menos por su oficio que por lo que es su afición o hábito recreacional. Como 90% de nuestros hábitos están ya formados cumpliendo los 14 años de edad, el campamento debe ser consciente de la oportunidad de instar hábitos buenos de recreación en el niño, de modo que le puedan servir siendo adulto.

Haciendo referencia a un artículo de Bernard Mason en Camping, él insiste en que “los campamentos se dedican a la educación del uso del tiempo libre”. Por esta razón él dice que todas las actividades deben ser evaluadas mediante un sistema de comprobación que a continuación describimos. Cada actividad debe:

  • Ser persistente hasta la vida adulta.
  • Ser balanceada física, intelectual, estética y socialmente.
  • Ser capaz de expresarse creativamente.
  • Ser capaz de formar personas con iniciativa propia.

Referencias

  • Camping, septiembre/octubre 1978.
  • Zuck, Roy B. y Getz, Gene A. Christian Youth: An In-Depth Study.
  • Roberts, W. Dayton. El mundo se nos muere.
  • Mason, Bernard. Artículo en Camping (fecha no especificada).

Examinémonos: ¿Aprovechamos bien la naturaleza del campamento para la evangelización, para la edificación espiritual, para la educación en el uso del tiempo libre (ocio) y para la concientización ecológica?

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