Jesús es Señor aun de los medios digitales
En esta era de redes sociales, blogs y videos, nos hemos acostumbrado a un vocabulario que refleja rapidez, eficiencia, visibilidad y optimización. Hablamos con naturalidad de consumir contenido, generar tráfico, escalar audiencias, medir impacto, viralizar o dar likes. Muchas de estas expresiones convierten conductas humanas en procesos automatizados y medibles.
Qué refrescante es recordar que el Reino de los cielos no se rige por estadísticas ni por fórmulas replicables. Jesús no diseñó plantillas espirituales ni un método estandarizado para todos. Se acercó, y sigue acercándose, a cada corazón de manera personal. Él trabaja en procesos únicos, creativos e irrepetibles.
Jesús nunca utilizó fórmulas ni manuales de procedimiento
Si observamos sus milagros, notamos que el «método» era secundario frente a la relación con la persona. Al ciego de nacimiento le hizo lodo con saliva y le untó los ojos (Juan 9:6). A Bartimeo le dijo simplemente: «Vete, tu fe te ha salvado» (Marcos 10:52). Al siervo del centurión lo sanó a distancia, sin siquiera verlo (Mateo 8:13). No había un protocolo fijo. Había compasión, autoridad y libertad.
La prioridad de Jesús eran las personas, no los protocolos
Escandalizó y desafió los esquemas teológicos de la época al sostener que las estructuras deben servir al hombre, y no el hombre a las estructuras. Mientras los líderes de su tiempo intentaban encerrar a Dios en una caja de reglamentos, Jesús demostró que el Espíritu es como el viento: sopla donde quiere y no puede ser encasillado.
El protocolo decía no trabajar en el día de reposo; Jesús declaró: «El día de reposo se hizo para el hombre» (Marcos 2:27) y sanó en ese día. A los expertos en normas externas los llamó «sepulcros blanqueados», hermosos por fuera, pero vacíos por dentro (Mateo 23:27)
Jesús sacó la fe de las cuatro paredes de la sinagoga.
Una ladera fue escenario del sermón más trascendente de la historia. Una barca se convirtió en púlpito. Un pozo fue el lugar de un encuentro que rompió barreras culturales y religiosas. Su libertad transformaba cualquier espacio en santuario.
Jesús se especializa en hacer cosas nuevas.
Jesús no vino a «parchar» el sistema imperante, sino a traer vino nuevo que requiere odres nuevos (Lucas 5:37-38). La vida en Cristo no es un mapa estático, sino una aventura dinámica. El ser humano pierde libertad cuando comienza a vivir para sostener estructuras, sean religiosas o digitales. Jesús vino a liberar, no a oprimir. Él rompe moldes para restaurar el corazón.
Jesús nos invita a participar en su Reino. En este, la relación con el Rey vale más que la exposición pública; el fruto pesa más que la apariencia; las semillas germinan en silencio; no se compite ni se construyen celebridades; los procesos son largos, pero profundos; lo más sagrado no se fotografía ni se publica.
Frente a esta realidad es necesario reflexionar sobre nuestra propia experiencia:
¿Estamos cultivando una vida secreta con Dios que no dependa de la validación externa?
¿Hasta qué punto nuestras decisiones espirituales están siendo moldeadas por la popularidad, la comparación o la búsqueda de visibilidad?
¿En qué maneras hemos permitido que la lógica del éxito y la inmediatez invada nuestra comprensión del crecimiento en Cristo?
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Me encantó, de verdad que todos estos ejemplos bíblicos de cómo Jesús opera obviando protocolos o no dependiendo de ello, es una perspectiva escondida en medio de tanto milagro y acciones que Él hizo y enfrentó en su ministerio. Gracias por este punto de vista que anima a pensar qué es lo más importante en el ministerio, sobre todo los que trabajamos en ministerio tan público como lo es CCIAL, tan expuesto, que por ratos pensamos en los protocolos y no en frutos prácticos que obvían procesos innecesarios. Me encantó Silvita y equipo. Felicidades por todo el trabajo que ustedes han hecho, he visto los artículos, me gustan, sé que les ha costado, pero su ahinco da este producto.
Evelyn, muchas gracias por tomarte el tiempo para leernos y comentar. Nos alegra un montón saber que este enfoque suma y abre esa reflexión tan necesaria en medio de lo que vivimos en el ministerio. Valoramos mucho tus palabras y tu cercano acompañamiento.
Seguimos caminando juntos, confiando en lo que el Señor quiere hacer también a través de estos espacios.
Un abrazo grande de todo el equipo.
Romper protocolos es a veces necesario sin perder la esencia del mensaje de Dios.
Una salida de aventura por una clase en un salón, es otro ejemplo de romper protocolos.
Gracias Silvia por compartir estas verdades.