Lectura 5.0 min. Escuchar
Categoría(s)
Compartir Historia

Fue la mejor semana de mi vida.

E​​​sa fue la frase de un adolescente de 13 años después de vivir cuatro días de campamento en la temporada de verano, enero 2026. Cuatro días escalando, corriendo, mojándose, conversando con sus confidentes, siendo retado, reflexionando, jugando, meditando, riendo, cantando, formando nuevas amistades y, en medio de todo eso, entregando su vida a Cristo.

El mayor gozo de quienes servimos en campamentos cristianos es escuchar a un acampante decir: «Sí, Señor Jesús, quiero comenzar una nueva vida contigo». Todos los programas realizados este verano estuvieron enfocados principalmente en niños, adolescentes y jóvenes que no asisten a una iglesia local. Es decir, nuestros campamentos estuvieron abiertos a todo público.Así comenzó mi 2026. Tenía muchos planes, pero en la última semana de diciembre fui operada para extraer mi vesícula, que estaba dañada. Gracias a Dios, fue una cirugía planificada. Aun así, inicié el año con nostalgia, con una deuda por la operación y sin poder retomar el gimnasio, un hábito que me había costado mucho construir.

Isaías 55, es el corazón del Campamento Nuevos Comienzos, y el fundamento de los programas. Tomaré la porción inicial de este capítulo.

¿Alguien tiene sed? Venga y beba,
¡aunque no tenga dinero!
Vengan, tomen vino o leche, ¡es todo gratis!
¿Por qué gastar su dinero en alimentos que no les dan fuerza?
¿Por qué pagar por comida que no les hace ningún bien?
Escúchenme, y comerán lo que es bueno; disfrutarán de la mejor comida.
Vengan a mí con los oídos bien abiertos.
Escuchen, y encontrarán vida.
(Isaías 55:1-3, NTV)

¿Alguien tiene sed? Venga y beba.

Durante los programas escuchamos frases como: «Creía que los campamentos eran solo para gente que va a las iglesias». «Mis amigos van a una iglesia en la que reciben apoyo de Compassion, y me dijeron que solamente para ellos eran los campamentos que organizaban». «Tenía ganas de ir a un campamento, pero parecía algo exclusivo, para personas de una iglesia». «Siempre quise participar de un campamento».

Varios de los participantes tenían sed: sed de vivir algo diferente, sed de pertenecer, sed de una experiencia de campamento. Tanto con la publicidad como con los programas apuntamos a partir de ese deseo y romper la idea de que los campamentos son para unos cuantos. ¿Tienes ganas de participar de un Campamento? ¡Ven y vívelo!

¡Aunque no tenga dinero! Vengan, tomen vino o leche, ¡es todo gratis!

De manera literal, muchos acampantes fueron becados para este verano; es decir, ¡alguien pagó su inscripción por ellos! Decidieron dar el paso de aceptar la invitación. Se «saciaron» más de lo que esperaban.

¿Por qué gastar su dinero en alimentos que no les dan fuerza?
¿Por qué pagar por comida que no les hace ningún bien?

En el norte integrado de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, para muchos niños y adolescentes las vacaciones significan libertad para consumir mucho contenido de las redes, estar encerrados en casa y, en algunos casos, trabajar. Parte de nuestra publicidad apuntaba a cambiar esa rutina por una experiencia de campamento abundante: menos pantalla, más vida.

Escúchenme, y comerán lo que es bueno; disfrutarán de la mejor comida. Vengan a mí con los oídos bien abiertos. Escuchen, y encontrarán vida.

Oír, comer, disfrutar… ¡Vaya que suena bien! Y eso es lo que se vivió este verano en los campamentos. Pudimos notar que la mayoría de los acampantes escuchó con atención cada reflexión, meditación y experiencia relacionada con la Palabra de Dios. Por supuesto, también hubo algunos participantes que no estuvieron dispuestos. Pero aquellos que inclinaron su oído a recibir las palabras de Jesús, escucharon, quedaron impactados, realizaron cambios y fueron tierra fértil para que Dios obrara en ellos.

¿Y qué comer? A esta altura ya te habrás dado cuenta de que se trata de «saborear» la vida en Jesús a través de toda la experiencia del campamento, para finalmente disfrutar, desde lo profundo, la esencia del cielo en la tierra; es decir, el cielo en el campamento.

Escuchen y encontrarán vida

No tengo duda de que Jesús ya los venía llamando desde mucho antes. Pero fue en este verano cuando respondieron: «Sí, Señor, aquí estoy. Acepto tu invitación».

Se acercaron al campamento, inclinaron su oído a la Palabra de Dios y finalmente abrieron sus corazones a Jesús.
Sin duda aceptaron la invitación gratuita.
Sin duda encontraron vida: vida en el campamento, vida en Jesús.

Sin duda experimentaron nuevos comienzos.

Comparte esta historia e invita a otros a vivir lo que Dios puede hacer. Da el paso: di “sí” a nuevos comienzos.

Deja un comentario