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E​​stos primeros meses del año suelen ser ideales para proponernos metas, planear un viaje o invertir en aquello que anhelamos. Sin embargo, los planes pueden cambiar cuando comienzas el año con un órgano menos y la salud en proceso de recuperación. Es como tener listo todo el programa del campamento y no contar con las personas suficientes para ponerlo en marcha. Algo esencial hace falta.

Así comenzó mi 2026. Tenía muchos planes, pero en la última semana de diciembre fui operada para extraer mi vesícula, que estaba dañada. Gracias a Dios, fue una cirugía planificada. Aun así, inicié el año con nostalgia, con una deuda por la operación y sin poder retomar el gimnasio, un hábito que me había costado mucho construir.

También tuve que ajustar mi trabajo. Aunque había desarrollado mi marca de postres, no podía cargar el mismo peso como antes cuando realizaba compras masivas o elaboraba tortas grandes. Además, decidí pausar por unos meses mi servicio en el área de canto de la iglesia.

Al contar esta experiencia no busco ser dramática. Antes de la cirugía, mi oración fue sencilla: “Dios, si aún tienes planes conmigo, que todo salga bien; y si decides que hasta aquí llegue, sea tu voluntad”. Hoy, escribiendo estas líneas, confirmo que Dios sigue teniendo planes para mí.

Quizá este sea un tiempo de nuevos comienzos. O quizá simplemente sea un tiempo de rendición a lo que Él ya escribió. Como dice 1 Samuel 16:7, Dios no mira la apariencia; mira el corazón.

Aunque no me sentía al 100 %, Dios tuvo un detalle especial conmigo: prepararme para servirle en una de mis pasiones, que seguro también es una de las tuyas: los campamentos. En noviembre del año pasado me invitaron a dirigir uno. En otras ocasiones no pude aceptar esta responsabilidad por trabajo u otros compromisos, pero esta vez decidí decir sí, aun mientras mi cuerpo sanaba.

Con nervios y siendo mi primera vez en este rol, mientras escribo esto estoy ultimando detalles junto al equipo que me convocó, con el respaldo de mis autoridades eclesiásticas y siguiendo diligentemente las indicaciones médicas para mi recuperación.

Dios sigue escribiendo las mejores líneas de nuestra historia y nos procesa a través de cada experiencia para formar en nosotros un corazón de siervo.

El Salmo 113 (RVR1960) declara que Dios levanta del polvo al pobre y alza al menesteroso para hacerlo sentar con príncipes. Él hace habitar en familia a la estéril que se goza en ser madre de hijos. Él abre puertas cuando parece que todo está perdido. Dios sigue escribiendo las mejores líneas de nuestra historia y nos procesa a través de cada experiencia para formar en nosotros un corazón de siervo.

Para algunos, esto sería empezar el año muy mal. Para mí, es comenzar dependiendo de Dios.

Llego a este campamento con expectativa por lo que nuestro Dios hará en los adolescentes. No se trata de lo que yo pueda o no pueda hacer, sino en creer en los propósitos eternos del Todopoderoso.

No sé cómo estás iniciando este año. Tal vez con temores, enfermedad, deudas o decepciones. O quizá estés viviendo los mejores días de tu vida. En cualquiera de los casos, Dios está contigo. Él te ve y no se ha olvidado de ti.

No eres solo parte de un programa. Eres parte del plan del mejor Autor.

Di sí a Dios, aunque aún estés en proceso.

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