En la primera parte comenzamos a recorrer el museo de la vida de Bob y Nancy. Hoy abrimos nuevamente sus puertas para continuar la historia.
La siguiente sala: Los años de espera
Las primeras citas de Bob y Nancy incluyen dos salidas dobles, una a las Cuevas Polares y otra al Parque del Lago Sunapee. También encuentran momentos para nadar en el río Baker, caminar por las montañas y subir el monte Stinson.
Pero son las conversaciones las que hacen que algo empiece a crecer entre ellos. Mientras caminan y nadan hablan de sus sueños, de su fe y del futuro, y descubren que comparten el deseo de servir a Dios en la obra misionera.
Al terminar el verano, vuelven a sus respectivas universidades: Bob a Houghton College, en Nueva York, y Nancy a Gordon College, en Massachusetts. Durante los cuatro años siguientes se mantienen unidos a través de cartas y visitas durante las vacaciones. Bob vuelve a trabajar en Pineridge cada verano, mientras Nancy continúa su formación en enfermería en Boston.
Bob sigue buscando cómo responder al llamado misionero que recibió a los doce años. En Houghton estudia ciencias generales, química y Biblia. Al graduarse en 1958, decide orientarse hacia los estudios teológicos y el griego. Ese otoño comienza su formación en el seminario que funcionaba en el campus de Gordon College y empieza a dirigir el ministerio juvenil en Waltham.
Nancy, por su parte, estudia dos años en Gordon College y luego continúa su formación en enfermería en Boston.
El 13 de junio de 1959, después de cuatro años de cartas, visitas y espera, Bob y Nancy se casan en la Iglesia Bautista de Clarendon Street, en Boston. Comienza una nueva etapa para ambos, todavía sin saber adónde los llevará su vocación compartida.
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Sala: La luna de miel
Para su luna de miel, Bob y Nancy consiguen una estadía económica en Camp-of-the-Woods, en el norte del estado de Nueva York. Llegan en junio, antes de que comience oficialmente la temporada del campamento, esperando disfrutar unos días tranquilos. Pero llueve. Llueve tanto que ni siquiera pueden aprovechar la playa.
En el campamento hay otros huéspedes: candidatos misioneros de la Misión Latinoamericana que están allí para recibir orientación. Bob y Nancy preguntan si pueden unirse a sus reuniones y ayudar con la limpieza. Aquella visita improvisada se convierte en su primera orientación con la organización con la que trabajarán durante décadas.
El fin de la luna de miel trae un desafío inmediato: los recién casados tienen que separarse. Durante ese verano, mientras Bob vuelve al Campamento Pineridge, Nancy regresa a Boston para terminar sus estudios de enfermería y graduarse a fines de agosto.
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La sala de México: una aventura inesperada
En junio de 1961, los planes de Bob y Nancy para realizar un viaje misionero a Costa Rica se vienen abajo. Después de meses de preparativos, la misión cancela el proyecto apenas dos semanas antes de comenzar, preocupada por la situación política.
Entonces aparece una pregunta inquietante: ¿y ahora qué?
Con seiscientos dólares ahorrados, su hija Scotlyn, de once meses, una camioneta y ninguna experiencia en América Latina, Bob propone algo que incluso él mismo considera una locura: conducir hasta Oaxaca, México. Nancy está nerviosa, pero decide acompañarlo.
Así comienza una aventura de dos meses, julio y agosto, que los lleva por el sur de Estados Unidos y después por México. Visitan misioneros y conocen por primera vez, de cerca, una realidad muy distinta de la que habían conocido hasta entonces.
Finalmente llegan a Oaxaca. Bob ha escrito a unos misioneros bautistas, Ford y Beth Wilson, pero no sabe si recibieron su carta. Cuando logra encontrarlos, descubre que han fundado un instituto bíblico cuyo programa incluye un curso de Educación Cristiana.
Al día siguiente, el curso de Educación Cristiana aborda el tema de los campamentos cristianos y le piden a Bob que imparta la clase. Él acepta, sin saber que aquella sería su primera conferencia sobre campamentos cristianos en América Latina.
Después de dos meses de viaje, emprenden el regreso a Boston. Dios los guarda durante la aventura y el dinero que habían ahorrado alcanza para completar el trayecto. Regresan con una experiencia que ninguno de los dos olvidará.
Continuemos hasta la próxima sala.
La sala: Una nueva comprensión del llamado
En diciembre de 1961, Bob está en la biblioteca del seminario cuando encuentra un artículo de Herbert Jackson sobre antiguos modelos para nuevos proyectos misioneros. La lectura lo lleva hasta San Columba, un cristiano irlandés del siglo VI que estableció una comunidad en la isla de Iona, frente a la costa de Escocia.
Junto con sus compañeros, Columba combinó una vida de devoción, aprendizaje y trabajo con el propósito de llevar el evangelio a otros pueblos. Desde aquella pequeña isla, su movimiento misionero se extendió por Escocia y más allá.
Bob encuentra en ese modelo algo que responde a preguntas que lleva tiempo haciéndose. Comienza a considerar la posibilidad de formar parte de una comunidad comprometida con una misión compartida, aunque todavía no sabe cómo será esa comunidad ni dónde llegará a vivirla.
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La sala: Fieles donde Dios los puso
En julio de 1962, Bob y Nancy se mudan a la casa pastoral de una pequeña iglesia congregacional en Limerick, Maine. Llegan con Scotlyn, de dos años, y Shelly, de apenas cuatro meses. Allí comienza una etapa de casi tres años en la que Bob pastorea la iglesia mientras la familia se prepara para servir como misionera en Costa Rica.
Bob profundiza la enseñanza bíblica, establece reuniones de oración, impulsa el énfasis misionero y comienza a desarrollar un ministerio para los jóvenes.
El primer retiro juvenil parece comenzar con un fracaso: nadie asiste. Bob vuelve a intentarlo la semana siguiente y consigue reunir a veinte adolescentes. El retiro se llama Nuevos Horizontes e incluye conversaciones sobre la vida con Dios, la Biblia, la oración y el liderazgo, además de recreación y juegos. Con el tiempo, el grupo se convierte en un ministerio juvenil estable, con retiros anuales y jóvenes que comienzan a asumir responsabilidades dentro de la iglesia.
Nancy también participa activamente en la congregación. Trabaja con la Escuela Dominical, dirige a las Brownie Scouts y acompaña a Bob en sus viajes para recaudar fondos para las misiones.
En marzo de 1964, durante la Semana de Misiones de su iglesia en Waltham, Bob es ordenado y él y Nancy son presentados como candidatos para la Misión Latinoamericana.
En enero de 1965, mientras la familia se prepara para partir, nace Shannon Joy en medio de una ventisca. Bob quiere estar presente, pero, a causa de la tormenta de nieve, llega al hospital treinta minutos después del nacimiento. Cuando Shannon tiene apenas unas semanas, llega la noticia de que la Misión Latinoamericana ha aprobado su traslado a Costa Rica. Ahora sí, la espera tiene fecha de vencimiento.
La siguiente sala nos espera.
La sala: Costa Rica, su nuevo hogar
El 27 de abril de 1965, Bob y Nancy ponen pie en Costa Rica. Los acompañan sus tres hijas: Scotlyn Ruth, de cinco años; Shelly Lynn, de tres; y Shannon Joy, de apenas tres meses.
Bob empieza a trabajar en el Campamento Roblealto como administrador y director de programas. El campamento reúne varios de sus intereses: la formación cristiana, la recreación, el trabajo con jóvenes y la preparación de líderes. Nancy, mientras tanto, participa en la vida de la familia y de la comunidad que comienzan a formar en Costa Rica.
En 1969 nace en San José su hija menor, Kathleen Marie. Las cuatro niñas crecen en Costa Rica mientras Bob y Nancy van construyendo relaciones que los acompañarán durante décadas. Con el tiempo, su hogar se convierte en un lugar de encuentro para personas de distintas edades y procedencias, y la hospitalidad pasa a formar parte de su vida cotidiana.
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La sala: Campamentos y nuevas generaciones
El trabajo de Bob en Roblealto se amplía hacia la capacitación de líderes y el desarrollo de programas. Desde 1966 trabaja con adolescentes y estudiantes universitarios, y los campamentos se convierten en espacios donde muchos encuentran amistad, enseñanza y oportunidades para crecer en su fe.
En los años setenta, estudiantes universitarios que habían participado en campamentos buscan mantener ese compañerismo y continuar profundizando su fe. De ese deseo surge Árbol de Vida y, en los años 80, se desarrolla también el movimiento juvenil conocido como El Movi. Ambos continúan formando parte de la vida cristiana en Costa Rica y alcanzan a nuevas generaciones.
Mientras Bob acompaña a jóvenes y líderes, Nancy también desarrolla un servicio propio. Su experiencia en enfermería la lleva a ofrecer clases sobre embarazo y lactancia, y a introducir la Liga de la Leche en Costa Rica. Durante muchos años, además, acompaña como doula el nacimiento de numerosos bebés. Hace apenas unos años, estuvo presente para asistir el nacimiento de su primer bisnieto.
Continuemos hasta la próxima sala.
La sala: CCI América Latina
Bob Sabean y John Shackelford son reconocidos como cofundadores de CCI América Latina, que nace como asociación en 1964. En sus primeros años, los esfuerzos se centran en Centroamérica y en los líderes de los campamentos Roblealto, en Costa Rica, y Monte Sion, en Guatemala. En octubre de 1970, Bob organiza en Costa Rica un taller para líderes de campamentos e invita a Shackelford. De ese encuentro surge la necesidad de establecer una oficina para la Asociación. En febrero de 1974, un comité reunido en Guatemala nombra a Bob coordinador de CCI para Centroamérica y a John asesor. En 1986, Bob es nombrado director ejecutivo de CCI AL, y al año siguiente la oficina se traslada a su residencia en San José.
Desde la dirección de CCI AL, Bob impulsa la capacitación de líderes de campamentos, promueve el desarrollo del currículo de formación para América Latina y dirige y enseña en el primer Instituto de Desarrollo de Liderazgo, realizado en 1992. Después participa como instructor en numerosos Institutos de Formación de Instructores (IFI), preparando a quienes continuarán formando nuevos líderes en la región. También promueve convenciones, talleres y encuentros de intercambio, acompaña a las asociaciones nacionales en sus procesos de fortalecimiento y representa a América Latina en espacios internacionales de CCI. Además, participa en las publicaciones de la Asociación, Hoguera e Ideas Sin Límite, y promueve una estructura más descentralizada, con mayor participación de las asociaciones nacionales y nuevas generaciones de líderes.
Bob Sabean lleva también su experiencia en la formación de líderes al ámbito universitario. Desde 1977 enseña Recreación en la Universidad Nacional de Costa Rica, donde imparte el primer curso universitario de esta disciplina en el país. Inicia esta labor como único responsable del área y, con el tiempo, contribuye a formar un equipo de cuatro colaboradores.
Bob permanece al frente de CCI AL hasta 2001, cuando entrega el cargo a Robert Bruneau, de Panamá. Muchos años después, Robert pasa el liderazgo a Evelyn Umaña, de El Salvador. Este relevo da continuidad a una organización en la que Bob ha invertido buena parte de su vida, mas no pone fin a su vínculo con CCI AL.
Avancemos a la siguiente sala.
La última sala: Una Biblia y una pelota
La imagen que Bob utiliza para describir su vocación es sencilla: una Biblia en una mano y una pelota en la otra. Las dos han estado presentes a lo largo de su vida: la Biblia, en su deseo de compartir el evangelio, formar discípulos y crear comunidad; la pelota, en su convicción de que el juego y la recreación pueden abrir espacios para las relaciones, el aprendizaje y el crecimiento.
Hemos llegado al final del recorrido por las salas de este museo. Pero la historia de Bob y Nancy no termina aquí.
Al salir del museo
En febrero de 2026, el Campamento Roblealto vuelve a reunir a Bob y Nancy con personas que han compartido distintos momentos de sus vidas, en un reencuentro llamado «Generaciones con propósito», organizado para honrar su trayectoria y agradecer la huella que han dejado en tantos. Participan 103 personas, gran parte de ellas de Costa Rica, pero también llegan de Honduras, El Salvador, México, Paraguay y Colombia.
Durante el homenaje, se recuerdan los campamentos, las amistades, la enseñanza, la vida familiar y los ministerios que Bob y Nancy han compartido con tantas personas. También hay mujeres que recuerdan la orientación y el acompañamiento que recibieron de Nancy durante su maternidad. Ambos están allí para escuchar esos recuerdos y conversar con quienes los vivieron.
Entre tantos testimonios de gratitud, uno de los jóvenes presentes en el reencuentro, que claramente tenía el don de predicar, se puso de pie y acercó dos sillas a Bob. Se sentó en una y dejó vacía la otra. Luego compartió:
«Nunca recibí directamente la influencia de Bob, pero mi vida ha sido profundamente marcada por quienes sí la recibieron. Soy parte de El Movi, y me ha ayudado a mantenerme dentro del redil, por así decirlo. Mientras escucho los testimonios, veo a Bob y Nancy como a Isaías: personas que permanecen constantemente en la presencia de Dios y responden: “Aquí estoy, Señor; envíame”. Vinieron del norte al sur y han permanecido aquí, sirviendo fielmente durante más de sesenta años. Estoy agradecido».
En la actualidad, Bob continúa escribiendo, enseñando y acompañando a otros. Su participación en CCI AL sigue activa, al igual que su compromiso con las personas y comunidades que han formado parte de su vida. Nancy continúa a su lado en la vocación que comparten desde sus primeros años juntos.
La historia de Bob y Nancy nos recuerda que una vida puesta en las manos de Dios puede multiplicarse de maneras que nunca llegaremos a conocer por completo. Como aquellos cinco panes y dos peces, lo que se ofrece con fidelidad puede alimentar a muchas generaciones y, además, darles propósito.
Los novios con sus padres
Mientras Bob pastoreaba en Limerick
Recién llegados a Costa Rica, abril de 1965
La familia Sabean en diferentes etapas
Nancy y su asistente de peluche en las clases de lactancia
Algunos participantes del reencuentro, febrero 2026
Shelly, Bob, Nancy y Shannon en febrero 2026
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